La habilidad a la hora de mentir depende de la personalidad del individuo. Hay sujetos que están más capacitados que otros para engañar. “La mujer conciente o inconcientemente es más hábil en la mentira”, dispara. Novelli. La capacidad para mentir se relaciona con la estructura moral de la persona, ya que, además de la personalidad depende de la ausencia de vergüenza, dice Cruppi
A nivel físico, existe un sinfín de gestos corporales que delatan a un mentiroso y que los especialistas denominan conductas pre verbales. Tocarse la nariz o comisura de los labios, mover mucho las manos, transpirar excesivamente, parpadeos constantes, usar un tono de voz muy alto o esquivar la mirada son signos que pueden dejar en evidencia un embuste.
“La sonrisa falsa es la que dura más de 10 segundos, por ejemplo, la de la foto. La natural es espontánea. En la postura del cuerpo, una persona abrumada y con los hombros caídos sugiere depresión y aunque diga que está muy bien se le nota en el cuerpo que no”, sostiene Cruppi. Asimismo, las personas que tienen poca capacidad para mentir se sonrojan. “Sólo un observador avezado se puede dar cuenta de quién miente. El lenguaje corporal es lo que la persona transmite, es una comunicación por excelencia: un gesto equivale a un montón de palabras. Es muy difícil captar que un sujeto miente a través del lenguaje corporal. El cuerpo lo delata con gestos que contradicen aquello que dice la palabra”, reseña la psicoanalista.